
Actualmente la mayor parte de empresas se enfrentan al reto de acoplar las nuevas tecnologías de comunicaciones ( IIoT, dispositivos móviles, SaSS, IaSS) a sus redes de datos tradicionales, cambiando así el esquema de ejecutar cambios para cubrir necesidades emergentes generados por proyectos de TI a un rediseño planificado de la red de datos basados en el análisis de las necesidades del negocio y la visión de sus líderes.
Ejecutar un rediseño de la red de datos, considerando los principios de seguridad y escalabilidad, consiste en ordenar los activos de la empresa analizando los niveles de criticidad de la información y funcionalidad, para minimizar su exposición a posibles accesos no autorizados o la explotación de las vulnerabilidades que comprometan la seguridad.
El reto es tomar la arquitectura actual, que históricamente ha sido implementada con una visión de proveer de manera rápida la operación de los aplicativos o servicios a la empresa, y lograr ordenarla en segmentos de red que brinden seguridad a la información sin afectar la operación.
Considerando que en muchos casos este desafío puede quedarse solamente en papeles es importante marcar un punto de quiebre entre lo histórico y lo nuevo que se añade a la red de datos, de forma que los nuevos proyectos o tecnologías se implementen con una estrategia que combine el balance entre operación y seguridad.
Los principales beneficios tangibles en seguridad al tener una red ordenada son: facilitar la implementación de nuevas tecnologías de seguridad sobre la red de datos; elevar el nivel de monitoreo de eventos de seguridad y facilitar el control de accesos lógicos a los activos críticos.
Por todo esto es rentable crear iniciativas que aborden este punto neurálgico en la gestión de seguridad.